La superposición del Niño Costero y el Niño Global podría intensificar las altas temperaturas, la escasez de lluvias y el riesgo de incendios forestales en la selva peruana. Comunidades indígenas y ribereñas serían las más afectadas, mientras persisten brechas en la prevención y respuesta ante emergencias.

Por: Comunicaciones CAAAP

La Amazonía peruana enfrenta una creciente amenaza climática ante el desarrollo de El Niño Costero y El Niño Global, fenómenos que podrían generar condiciones más cálidas y secas en distintas zonas de la selva durante los próximos meses. Especialistas advierten que este escenario podría favorecer una nueva temporada crítica de incendios forestales y agravar la situación de comunidades que dependen directamente de los ríos y del bosque.

Los primeros efectos ya comienzan a sentirse. En julio, un incendio forestal consumió más de 30 hectáreas de cobertura vegetal en los sectores de San Lorenzo y San Pablo de Tushmo, en Yarinacocha, Ucayali. Días después se reportaron nuevos incendios en Ucayali y Cusco, en un contexto marcado por altas temperaturas, baja humedad y ausencia de lluvias.

El riesgo podría aumentar en los próximos meses. Según la más reciente actualización del Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe una alta probabilidad de que las condiciones de El Niño persistan hasta inicios de 2027, con una mayor intensidad hacia finales de 2026. 

Una Amazonía cada vez más vulnerable

El impacto de El Niño en la Amazonía no se expresa únicamente a través de los incendios. La reducción de las lluvias puede provocar el descenso del nivel de los ríos, afectando una de las principales vías de transporte y abastecimiento de las comunidades amazónicas.

La experiencia de la severa sequía de 2023-2024 en Loreto mostró las dimensiones de este problema: ríos con niveles históricamente bajos, embarcaciones varadas, mayores costos de transporte y dificultades para acceder a alimentos, combustible, medicinas y otros bienes esenciales.

Sequía en la Amazonía en el 2024 – Foto: The New York Times

En 2026, el desarrollo de El Niño se presenta como uno de los mayores riesgos climáticos para América Latina y la Amazonía. Las comunidades indígenas y ribereñas se encuentran entre las más vulnerables, frente a peligros vinculados con el acceso al agua, la seguridad alimentaria y la falta de conexión geográfica”, alerta la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA)

A ello se suma el riesgo de incendios forestales, que no solo destruyen bosques y chacras, sino que afectan directamente los medios de vida de las poblaciones que dependen de estos ecosistemas. Un estudio de Conservación Amazónica (ACCA) advierte que, si vuelven a coincidir las condiciones climáticas que favorecieron la crisis de 2024, cuando el fuego afectó cerca de 240 mil hectáreas de bosques, chacras y otros ecosistemas, la Amazonía peruana podría enfrentar una temporada de incendios igual o incluso más grave entre 2026 y 2027.

Prevención que todavía no alcanza

Frente a este escenario, una de las principales preocupaciones es la capacidad de respuesta de las autoridades. Según los datos recopilados por ACCA, la ejecución presupuestal destinada a reducir la vulnerabilidad ante emergencias en regiones como Madre de Dios, Huánuco y Ucayali, es aún baja. 

Además, de los diez distritos con mayor recurrencia de incendios, solo tres cuentan con estaciones de bomberos, las cuales dependen de voluntarios y se ubican mayoritariamente en zonas urbanas. El país carece aún de un cuerpo nacional de bomberos forestales especializado.

Foto: referencial

La falta de preparación adquiere mayor relevancia en una Amazonía que ya enfrenta otras presiones sobre sus territorios, como la minería ilegal y los derrames de petróleo. Estas actividades incrementan la vulnerabilidad de los ecosistemas y de las comunidades frente a eventos climáticos extremos.

El escenario exige pasar de la alerta a la acción. Fortalecer la prevención, anticiparse a los impactos y garantizar la atención a las comunidades más expuestas debe ser una prioridad antes de que las condiciones climáticas se intensifiquen. En la Amazonía, prevenir hoy puede marcar la diferencia frente a los impactos que vendrán en los próximos meses.